sábado, 1 de junio de 2013

ADORAMOS A JESÚS EUCARISTIA


ALABADO SEAS MI JESÚS SACRAMENTADO


Estimados hermanos(as) en el señor sacramentado Paz y Bien.

Estamos Celebrando la fiesta de las fiestas Jesús eucaristía porque hablar de Cuerpo y Sangre de Cristo es hablar de Eucaristía y hablar de Eucaristía es hablar del ágape celestial, porque la santa misa es eso realmente: “Dichos los invitados al banquete de bodas del cordero celestial” (Ap. 19,9). Hablar de Eucaristía es hablar de un nuevo estilo de encarnación de Jesús, como un nuevo estilo de estar presente entre los hombres, porque nos había dicho “No os dejare huérfanos, sino que volveré” (Jn 14,18). Pero estas palabras del Señor tienen sentido real a lo dicho más luego: “Salí del Padre, vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre” (Jn 16,28). Sería bueno ahora preguntarnos ¿A qué vino Jesús? El gran Teólogo san Pablo lo define sabiamente esta revelación del amor de Dios y lo dice: “Dios salvador nuestro quiere que todos los hombres se salven llegando al conocimiento de la verdad” (I Tm 2,4). Y ¿Qué es pues la verdad? Jesús dijo “yo soy la verdad, camino y vida. Nadie va al Padre son por mi” (Jn 14,6). Es decir Jesús vino a salvarnos a toda la humanidad.

¿Por qué, cómo y de qué nos salvó Jesús?

San Juan ha dicho: “Quien ama a Dios conoce a Dios, quien no ama a Dios no conoce Dios, porque Dios es amor” (I Jn 4,8) Luego san Juan es más enfático al decir: “Si uno dice Yo amo a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (I Jn 4,20).  Mismo Jesús lo ha dicho en este sentido: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros” (Jn 13,34). Por tanto la única motivación que tiene Dios para con la humanidad es esto: su amor a la humanidad.

Ahora el cómo de la salvación en favor nuestro por parte de Dios es lo que no detiene. Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.» María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?»
Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios…Porque para Dios, nada es imposible.» Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.» (Lc 1,26-38). Pero en gran teólogo san Juan lo resume en estos términos: “La palabra de Dios se hizo hombre a habitó entre nosotros” (Jn, 1,14). Dios Padre lo reafirma su identidad en el bautismo de Jesús: “Tu eres mi hijo amado, yo te he engendrado hoy” (Lc. 3,22). Por eso mismo Jesús más tarde dirá: “¿No creen que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que vive en mí es el que hace las obras” (Jn 14,10). En el inicio de su ministerio Jesús se valió de los profetas del A.T. quienes anunciaron la cercanía y llegada del Mesías (Is 61 1ss). Mismo Jesús Dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí: Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: Me ha enviado para sanar a los pobres, Para predicar libertad a los cautivos. Y a los ciegos vista. Para poner en libertad a los cautivos y anunciar  el año de gracia de Dios” (Lc.4,18).

Jesús la segunda divina Persona como sabemos que es el salvador nuestro en resumidas cuentas dio tres pasos:

1) Inicio con la proclamación del evangelio: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Mc 1,15). Y algunos pescadores son los primeros que siguen a Jesús: “Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y se reunieron con él. Así instituyó a los Doce (a los que llamó también apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, dándoles poder para echar demonios. Estos son los Doce: Simón, a quien puso por nombre Pedro; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes puso el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo,
y Judas Iscariote, el que después lo traicionó” (Mc 3,13-19).

2) Fundó una única iglesia: “Y ahora yo te digo tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; el poder del infierno jamás la podrá vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.» (Mt 16,18-19). Pero no fue solo los doce quienes siguen a Jesús sino una muchedumbre inmensa de gente: “Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.» Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente? «Hagan que se sienta la gente. Entonces Jesús tomó los panes, lo bendijo y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada. Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada” (Jn  6,1-13).

Alguno muy ilusionado como el joven rico corrió al encuentro con Jesús, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?»  Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» El joven le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy pequeño.» Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme. Al oír esto se desanimó totalmente, pues era muy rico, y se fue triste” (Mc 10,17-18). Pedro interviene y dijo: «Señor nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.» Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida y en el mundo venidero la vida eterna” (Mc 10,28-30). Alguno vacilaron y dijeron: “¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién podrá escucharle?” Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Quieren marcharse también ustedes?» Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.» (Jn 6,60-69).

Aclarado algunos impases Jesús envía a los doce a la misión con estas instrucciones: Por el camino proclamen que ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca! Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar. No lleven oro, plata o monedas en el cinturón. Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja por el evangelio merece su alimento. En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en la casa, deséenle la paz. Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los pies. Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. Miren que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la serpiente, pero sencillos como la paloma. ¡Cuídense de los hombres! A ustedes los arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. (Mt 10,5-17).  “Quien crea en el evangelio y se bautice será salvo, quien no crea será condenado” (Mc 16,15-16). “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.» (Mt 28,19-20).

3) Jesús Instituyó los sacramentos como la Santa Eucaristía: ¿Qué es la Eucaristía?
Jesús antes de su pasión advierte: «Estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros, y que se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará” (Mc. 10,33-34). “El hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescato por todos” (Mc 10,45). El último gesto de amor a su Iglesia es la institución de la santa Eucaristía: Jesús tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. (Hagan esto en memoria mía).» Hizo lo mismo con la copa después de cenar, diciendo: «Esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, que es derramada por Uds. para el perdón de los pecados, hagan esto en conmemoración mía» (Lc 22,19-20). El Evangelio de san Juan es más explícito al respecto. Jesús dijo:  “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo…En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él… El que coma este pan vivirá para siempre” (Jn 6,48-58). Y nuestro gran amigo San pablo se expresa cuestionando al respecto: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?  Así, siendo muchos formamos un solo cuerpo, porque el pan es uno y todos participamos del mismo pan” (Icor 10,16-17).

Requisitos para recibir la Santa Eucaristía: San pablo previo recuerdo para la santa comunión: “Yo he recibido la tradición lo que a mi vez les he transmitido. Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.» De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.» (Icor 11,23-25).

San Pablo sigue y dice: Fíjense bien, cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta copa estamos proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. (Icor 11,26-27).

Por lo tanto: “Cada uno, pues, examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de la copa. En caso contrario, el que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer al Señor en su cuerpo bendito y sacramentado”. (Icor 11,28-29).

Reflexión de la santa misa.

Como hemos sido explícitos según la santa Biblia; esta multiplicación de los panes se sitúa en el contexto de la última cena del Señor. La Misa celebrada en la falda del monte, al aire libre. Posiblemente, un Evangelio escrito para recordarles a los primeros cristianos cómo han de celebrar la Eucaristía. Una Eucaristía en la que Jesús vuelve a preocuparse de los hombres necesitados y con el estómago vacío. Hasta la actitud de Jesús pone de manifiesto este significado eucarístico de la multiplicación. Los discípulos ponen lo que tienen, cinco panes y dos peces, Jesús toma en sus manos los panes, levanta los ojos al cielo, pronuncia la bendición y se los diciendo que los repartiesen entre todos hasta saciarse.

No se trata de dar una lección teórica del significado de la Misa, se trata de realizar el sentido y la verdad de la Misa. Levantar los ojos al cielo, como oración al Padre, y mirar a los hombres para compartirse con ellos. Levantar los ojos al cielo, sí. Pero luego, con esos mismos ojos, mirar de otra manera a los hombres, a los hermanos. ¿No tendría que ser también nuestra Misa de cada domingo?

Jesús primero se hace hombre y al final se hace pan. Cada vez acercándose más al hombre. Fue el último gesto de Jesús antes de dar comienzo a su Pasión. Un estilo de vida de estar con el hombre da comienzo a otro estilo nuevo. El primero fue en un pesebre. Este segundo lo hace en una mesa de familia, en ambiente de familia.

La Eucaristía como presencia. En primer lugar celebrar la Eucaristía es celebrar la continuación de su presencia en medio de nosotros. "No os dejaré solos." "Esto es mi cuerpo y esta es mi sangre." La primera era una presencia de quien camina con los hombres. La segunda es la presencia de quien invita a los hombres a encontrarse con El sentados a la misma mesa de la familia. Y ahí lo tenemos a diario en el Sagrario. Y ahí lo tenemos cada vez que celebramos la Misa. Nunca está solo quien quiera visitarlo en su Sagrario.

La Eucaristía como memoria. Pero además, Jesús instituye la Eucaristía no solo como presencia sino como sacramento que nos reúne a todos a hacer de memoria de Él, para que no nos olvidemos de cuanto Él ha hecho por nosotros, para recordar, sobre todo el gran momento de su amor por nosotros, el misterio pascual de la Cruz y la Resurrección. "Haced esto en memoria mía." Por eso participar en la misa es algo más que estar presente y responder a las invitaciones del Sacerdote. Es recordar su amor, es recordar su Pasión, su Muerte y su Resurrección. Por eso decimos: "Anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección..." Vivir la Eucaristía es vivir actualizando el misterio de su Muerte y Resurrección, es revivirla en nuestros corazones y es comprometernos a anunciarlas y proclamarlas luego en la vida a todos los hombres.

La Eucaristía es vivir la vida eterna. "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna." No es necesario esperar a morir para vivir ya en nosotros la vida de Dios. No la podremos vivir en plenitud, pero ya la llevamos en germen dentro de nosotros. Por eso, participar de la Eucaristía es ir a cargarnos de vida, es salir de la Iglesia como con las pilas de la vida recargadas.

Por eso la vida no puede ser un momento de aburrimiento y bostezo por el sermón del sacerdote, sino es vivir lo que todos juntos celebramos. No celebramos Misa solo con estar presente, sino viviendo lo que celebramos.

Resulta inquietante el hecho de que fue precisamente cuando Jesús anuncia la Eucaristía se arma el escándalo. ¿A quién se puede ocurrir convertirse en pan para que comamos su cuerpo? "Estas palabras son duras, ¿quién le puede hacer caso?" La gente se fue alejando de él hasta quedarse solo con sus Discípulos. Y Jesús los reta: "¿también vosotros queréis marcharos?"

Es que la Eucaristía es el corazón de la Iglesia, una Iglesia sin corazón deja de ser Iglesia. Hasta nosotros solemos morir muchos de infarto porque el corazón se nos paralizó.

¿No es también hoy la Eucaristía uno de los momentos centrales de cuantos nos decimos creyentes? ¿No es la Misa Dominical uno de los criterios de evaluación de la vida cristiana de las parroquias?


Lo malo que la vemos más como "una obligación" que como una vivencia y experiencia de fe. De ahí que muchos jóvenes comienzan a alejarse en primer lugar de la Misa. Uno de los problemas que suelen tener los padres es cómo "obligarlos" a ir a Misa. La mejor opción es el testimonio de vida y la educación en la vida espiritual.

viernes, 31 de mayo de 2013

SÍNTESIS TEOLÓGICA 5





TEMA 5: EL PENTATEUCO

5.1. Descripción general de su contenido.
5.2. Origen mosaico e hipótesis críticas sobre tradiciones y fuentes en la composición   del Pentateuco.
5.3. Enseñanza teológica del Gen 1-11.
5.4. Los relatos Patriarcales.
5.5. La Alianza.
5.6. Ideas fundamentales de la tradición Deuteronomista.

A) DESARROLLO

5.1. Descripción general de su contenido.
1. Génesis: En este destacamos:

a). Prehistoria de la salvación: Creación e historia de la humanidad hasta Abraham, (1 - 11). Comienza con la expresión "En el principio..." para dar respuesta al interrogante sobre el origen del mundo y de la humanidad, para ellos se recogen las tradiciones que hablan de los comienzos: Creación del mundo y del hombre, existencia del mal, el origen de los pueblos, y, especialmente, de cuanto se refiere al origen de Israel. La redacción actual está dividida en secciones separadas por la frase "estas son las generaciones, que viene a marcar el ritmo de las sucesivas etapas de la historia que narra: Orígenes de la humanidad, los patriarcas antediluvianos, Noé y el diluvio, la repoblación de la tierra, la genealogía de Abraham.

b). Historia de los Patriarcas, (12 - 36). Abarca la historia de los padres del pueblo, hay una continuidad con la narración anterior. Encontramos a Abraham, a su hijo Isaac, y posteriormente a Jacob. Los doce hijos de Jacob son los antepasados de las doce tribus de Israel.
c).Historia de José, (37 - 50). Es uno de los hijos menores de Jacob, fue vendido por sus hermanos a unos mercaderes que se dirigían a Egipto; después de diversos acontecimientos, su fama llega al Faraón y, agradecido por haberle interpretado un sueño y por su sabiduría, lo pone al frente de la administración de los bienes de su casa y del país. Más tarde debido a la escasez de alimentos en Canaán, y ciertos sucesos,  invita a su padre Jacob y a los suyos a participar de su prosperidad. El libro del Génesis concluye dejando a los israelitas en Egipto.

2. Exodo: Salida de los israelitas de Egipto. Comienza con la frase "Estos son los nombres...". Se centra en la figura de Moisés, como mediador que Yahvé llamó para liberar a su pueblo de la esclavitud. En este libro se integran tradiciones que podemos dividirlas en dos partes:
a)  Esclavitud de Egipto, liberación y camino por el desierto hasta Sinaí[22].
b)Alianza del Sinaí. Gran bloque de legislación: el Decálogo, el Código de la alianza y prescripciones rituales. (19 - 40).

3. El Levítico: Leyes levíticas relativas a la santidad y al culto.Especifica el modo de realizar el culto a Yahvé, la institución del sacerdocio, las prescripciones legales, normas sobre la celebración del día del Señor. En este aparece la Ley de la Santidad que contiene dos secciones, una relativa a la vida social,  y otra a la celebración de las fiestas del año sabático y del año jubilar. (1 - 27).

4. Números: Censos y listas de las personas que salieron de Egipto y anduvieron por el desierto. Se narra la marcha del pueblo por el desierto durante cuarenta años para ser purificada aquella generación pecadora. Se pueden distinguir dos bloques:

a) Preparativos para la partida del Sinaí y algunas leyes, (1 - 10).

b) Etapas por el desierto desde el Sinaí hasta Moab, con una larga estancia intermedia en Cadés, y nuevas leyes sobre sacrificios y sacerdotes. (11 - 36).
También encontramos relatos de conflictos con los pueblos circundantes. Su intencionalidad profunda es mostrar la tensión entre castigo y salvación.

5. Deuteronomio: Segunda ley dada por Moisés antes de entrar en la tierra prometida. Comienza " Estas son las palabras...", y se introducen los grandes discursos de Moisés, en los que vienen claramente interpretada la historia de Israel como historia de Salvación. Podemos notar:

a) Tres amplios discursos de Moisés en Moab recordando las etapas del desierto y los mandamientos. ( 1 -34)

b) Ultimas disposiciones y muerte de Moisés. Queda Josué al frente del pueblo de los israelitas junto a los 70 ancianos. Están a las puertas de la tierra prometida, (31 -34).

5.2. Origen mosaico e hipótesis críticas sobre tradiciones y fuentes en la composición   del Pentateuco.

En los textos proféticos anteriores al destierro se habla de la ley del Señor (Am), sin especificar si es oral o escrita; y en los posteriores al destierro se denomina a esa ley con el nombre de Ley de Moisés (Neh). Además en Ex 34, 28 se dice que Moisés, por mandato de Dios, escribió en unas tablas de piedra las palabras de la Alianza. Con este nombre pasa a las tradiciones judías y cristianas primitivas. Esta afirmación se refleja también en el NT. A partir de ahí la autoría mosaica del Pentateuco vino a ser afirmada comúnmente en la tradición judía y cristiana.
Sin embargo, los estudiosos de la Biblia, percibieron ya desde antiguo que el Pentateuco recibió su forma actual después de la vuelta del destierro de Babilonia (s.s. VI-V), San Jerónimo explicaba que la narración de la muerte de Moisés y algunas expresiones (hasta el día de hoy), se debían a Esdras. En el s. IX R. Abraham Ibn `Ezra' afirmó, que Moisés no pudo ser el autor del pentateuco. Es a partir  del s. XVII cuando el estudio de las fuentes del Pentateuco se ha realizado de una manera sistemática. Dentro de esta consideramos:
Hipótesis de Wellhausen: (1833): Sintetiza la hipótesis documentaria según la cual el Pentateuco es la fusión de cuatro documentos posteriores a Moisés:

a) Yahvista (J), compuesto en s. X- IX a.C. en el Sur, con un carácter narrativo.

b) Elohísta (E), s. VIII a.C.  , redactado en Israel; con la caída del Reino del Norte fue trasladado a Jerusalén y fusionado con el Yahvista.

c) Deuteronomista (D), s. VI a.C. , empleado en la reforma religiosa de Josías, se añadió a los anteriores.

d) Sacerdotal (P), después del destierro s. VI-V a.C.; obra de los sacerdotes en el templo. Se unió a los anteriores durante la reforma de Esdrás y Nehemías (450), sirviendo de marco y armazón a la recopilación de los documentos anteriores. Hacia el año 400 a.C. , un redactor habría compuesto Gén, Ex, Lev y Num tomando como base la fuente PE, interpolando J y E que previamente se habrían fusionado. El documento D daría lugar al Dt y Josué. Esta hipótesis tiene tres puntos débiles:

i) El prejuicio anti-sobrenatural.
ii) El insuficiente conocimiento del Antiguo Oriente.
iii) El insuficiente conocimiento de los géneros literarios.
Exégesis católica ante el problema crítico
Ante esta situación, y viendo que se atacaba a la canonicidad de los libros del AT, la PCB en 1906 promulgó un documento sobre la autenticidad mosaica del Pentateuco: Salvaguarda la figura de Moisés y la veracidad histórica de los hechos que constituyen la base de la Biblia de la historia de la salvación. En 1909 otro documento sobre el carácter histórico de los tres primeros capítulos del génesis. En 1943  La Enc. Divino Afflante Spiritu, y en 1948 la carta de la PCB al Card. Suhard buscan integrar las verdaderas aportaciones de la crítica en una interpretación católica de la Biblia.

Van Seters: considera que la sacerdotal  no es una fuente independiente, sino que simplemente completa una tradición más antigua. La llamada redacción yahvista  no se lleva acabo hasta el tiempo del destierro, y la primera redacción de una historia continuada es deuteronomista que abarca desde Dt a 2Reg. Por tanto, no cabe pensar una fuente (la yahvista) antigua que incluyera un relato continuado desde Abraham hasta la posesión de la tierra, sino que un autor postexílico ordenó los datos sueltos que desde antiguo se habían transmitido.

E. Blum: En su opinión, no existen fuentes paralelas e independientes, ni tampoco grandes unidades (seis unidades, decía R. Rendtorff; ej. la historia de los orígenes), sino dos composiciones tardías en las que se recogen, debidamente elaboradas, tradiciones más antiguas. A dichas composiciones las llama KD (tendencia deuteronomista, comienza con la historia de Abraham y se extiende hasta final del Deuteronomio), compuesta por la primera generación de los postexílicos. La otra composición es la KP (tendencia sacerdotal, gira en torno al tema de la comunidad), compuesta en la época Persa. El Pentateuco sería el resultado de las tendencias KD y la KP.

5.3. Enseñanza teológica del Gen 1-11.
La historia de los orígenes, colocada por los autores sagrados al principio del Gen, expresa con lenguaje solemne los misterios del comienzo: la creación, la caída y la promesa de salvación.

1. -Creación del mundo de la nada[23]. El misterio de la creación del mundo por Dios de la nada, ocupa un lugar central en todos lo Credos y Símbolos de fe de la Iglesia; además, el acto creativo abarca a todos los seres, tanto espirituales como materiales, porque todo cuanto existe se debe al Dios Creador.
-Distinción entre Dios y el mundo: Gen distribuye en seis días la creación; en los tres primeros Dios preparó la tierra para ser habitada, y en los tres días siguientes fue desplegando su Providencia para hacerla digna morada del hombre. En esta podemos distinguir lo siguiente:

a) Trascendencia y Omnipotencia divina. Dios hablando y creando se nos muestra como Señor de todas las cosas. b) Bondad de lo creado: La expresión que se repite en cada una de las acciones de Dios al crear "y vio que era bueno", declara la bondad de las criaturas por el amor y sabiduría depositadas en ellas.
2. Origen del género humano: El ser humano, hombre y mujer, es la cumbre de la creación pues está hecho a imagen de Dios, une en su propia naturaleza el mundo material y el espiritual.
-Estado de justicia original. El primer hombre fue creado en la amistad con su Creador y en armonía consigo y con la creación en torno a él. El hombre y la mujer son creados con una perfecta igualdad, y tienen una dignidad que nunca se pierde y que la han recibido inmediatamente de Dios su Creador.
-El pecado original, nace por la desobediencia, el hombre y la mujer son expulsados del jardín en el que habían sido colocados, pierden el don de la inmortalidad y de la felicidad, su estado original de armonía y dominio de sí; se quiebra la relación del hombre con Dios, con el mismo y con los demás hombres y con la creación.
-Protoevangelio: Dios no abandonó al hombre tras su caída, le anunció de modo misterioso la victoria sobre el mal, y la venida de un descendiente de la mujer. Esa salvación anunciada ya desde el principio, se va realizando en una serie de etapas, las primeras de las cuales forman parte de la historia de los orígenes, en concreto, la Alianza con Noé después del diluvio.

5.4. Los relatos Patriarcales

Las narraciones que constituyen la historia de los patriarcas se pueden situar en el contexto geográfico del Medio Oriente, en el arco formado por Mesopotamia, Palestina y Egipto. La época va desde el siglo XVIII a.C., cuando pudo tener lugar la llegada de Abrahám a Canaán, en adelante.  Su significado religioso es que los Patriarcas son los padres del pueblo, a ellos hizo Dios las promesas y con ellos selló alianzas.

1.  El contenido de la "historia de los patriarcas"
Mediante la repetición de la misma frase que en la historia anterior, "estas son las generaciones", se introducen las sucesivas etapas que interesa el autor.
(1) Historia de Abrahám[24]. Abarca la historia de los padres del pueblo, hay una continuidad con la narración anterior. En primer lugar encontramos a Abram, a quien Dios le llama, le promete una tierra y una enorme descendencia, lo constituye padre de su pueblo (Abraham). En segundo lugar, Isaac y Jacob. Se inicia con la historia de Esaú y Jacob, hijos de Isaac. El libro del Génesis se centra desde ahora en figura de Jacob en el que narra diversos acontecimientos, entre ellos, el cambio de su nombre por el de Israel. Los doce hijos de Jacob son los antepasados de las doce tribus de Israel. Isaac es una figura de poco relieve entre Abraham y Jacob. En Gen 37,2 la misma fórmula cierra esta historia y marca el comienzo de la historia de Israel en Egipto que se inicia con la narración de la historia de José.

2. Composición de la "historia de los patriarcas"
Estos relatos se recogen en tradiciones cuyos elementos más antiguos se podrían remontar al segundo milenio a.C.  Desde muchos años antes de que se comenzaran a poner por escrito los textos de la Biblia, los israelitas contaban de padres a hijos relatos acerca de los patriarcas, se trata de historias de clanes o tribus que narraban sus orígenes o sus avatares, o que exaltaban a sus antepasados.  Este tipo de relatos que responden a tradiciones orales de carácter épico o poético constituyen un género literario peculiar al que se denomina "sagas". Posteriormente, cada una de esas tradiciones, procedentes de tribus y santuarios diversos, serían puestas por escrito y reelaboradas para que iluminaran la fe de Israel en épocas posteriores.
Otros pasajes de la historia patriarcal reflejan haber sido originariamente relatos de carácter cultual, es decir, muestran un contenido que estaba relacionado con santuarios de Canaán, como Betel, Mambré o Siquén.  En esos relatos se daba explicación del carácter sagrado de un determinado lugar, cuya historia se vinculaba con algún patriarca o con algún nombre o manifestación de la divinidad. Con la integración de todos estos elementos se irían configurando colecciones de relatos en forma de ciclos en torno a personajes y lugares. Las historias de Abrahám y de Jacob llegaron a unirse, poniéndose como eslabón entre ambas la historia de Isaac.

3. Enseñanza de la "historia de los patriarcas"
La idea central de la "historia de los patriarcas" es la elección de Israel por parte de Dios. La promesa hecha a Abrahám de que sería padre de una numerosa muchedumbre que recibiría en posesión la tierra de Canaán, como fruto de la fe, inaugura la economía de la salvación. La correspondencia de los Patriarcas a la elección divina de que fueron bjeto constituye un admirable paradigma de trato confiado y amistoso con su Señor, y de respuesta con hechos a las palabras de Dios.
En el Nuevo Testamento se comprende que la promesa que Dios hizo a Abrahám se refería en último término a Jesucristo. Jesús es la verdadera "descendencia" de Abrahám[25], y los que tienen fe en Cristo son, en definitiva, los hijos de Abrahám, cumpliéndose de este modo el anuncio de que en Abrahám serían bendecidas todas las naciones de la tierra. La Epístola a los Hebreos elogia la fe de los personajes que desfilan por la historia patriarcal, y particularmente la de Abrahám; en ellos se realiza la definición de fe propuesta poco antes en la misma carta: "la fe es garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven"[26].

5.5. Exodo y Alianza

El centro del Pentateuco lo constituye la Alianza de Dios con su pueblo. Esta Alianza  lleva consigo la Ley, que viene  a ser el conjunto de estipulaciones que el pueblo, por su parte, ha de cumplir para mantener su pacto con Dios. Es en el libro del Exodo donde encontramos la presentación de tal pacto (el pueblo de Dios en el Sinaí Ex 19-20 ). Al llegar al monte, hay una preparación para la manifestación divina, Dios se manifiesta y hace entrega del Decálogo en unas tablas a Moisés. La manifestación grandiosa de Dios en el monte Sinaí y la conclusión solemne del pacto con Dios, forman la carta de constitución de un pueblo que ha sido elegido para llevar la salvación a todos los demás pueblos. La ratificación solemne del pacto tuvo lugar con un sacrificio, en que se representaban a las doce tribus de Israel por medio de las doce piedras que formaban el altar, Ex 24,1-8 "esta es la sangre de la Alianza que hace con vosotros Yahvéh sobre todos estos preceptos". Después del Sinaí el sábado quedó como señal entre Dios y los hombres.

Pero esta Alianza viene a culminar una historia de alianzas que comienza propiamente con Noé y continúa con Abraham y los patriarcas hasta Moisés. Israel con razón se considerará a sí mismo como el pueblo de la Alianza.
1. Compromiso de Dios. “Seréis un reino de sacerdotes una nación santa”;
2. Obligación de Israel. “Observareis fielmente los preceptos divinos”;
3. Ratificación o sello de la alianza: sacrificio;
4. El sábado: señal de la Alianza;
5. El Decálogo: esencia de la Antigua Ley. Así lo manifiesta Dios, pues, después de hablar mucho a Moisés, le da únicamente por escrito las “Tablas de la Alianza”.

5.6. Ideas fundamentales de la tradición Deuteronomista

El Pentateuco termina con el libro del Deuteronomio, el cual termina con la narración de la muerte de Moisés a las puertas de la Tierra Prometida.
El libro de Josué narra la conquista de esa tierra. Los libro de Jueces, 1y 2 Samuel, y 1 y 2 Reyes, refieren el cuidado de Dios por su pueblo en Canaán.
Los estudiosos observan características comunes entre los libros mencionados y el Código Deuteronómico contenido en el libro del Deuteronomio. Por ello, se ha planteado que todos sean el resultado de una misma labor teológica, histórica y literaria. Se trata de una gran teología de la historia denominada tradición o escuela deuteronomista.
Desde el siglo XIX hasta Martin Noth, había dos hipótesis acerca de la formación de estos libros:

       1. (Eissfeldt, Hölscher): En estos libros habría continuaciones de algunas fuentes del Pentateuco (Yahvista y Elohísta).

2. Se trataría de obras independientes, reunidas y retocadas por autores deuteronomistas en la época de Josías.
La hipótesis de Martin Noth sobre la Historia Deuternomista
El 8.VI.1942, Noth, a diferencia de hipótesis anteriores, propone que los libros que van desde el Deuteronomio hasta el Libro segundo de los Reyes son obra de un único autor; abarcan la historia del pueblo desde la entrada en la tierra prometida hasta el destierro; y se habrían redactado en Mispá hacia el 550 a.C.
El autor de esta obra habría realizado una profunda tarea de selección y estructuración de contenidos, siguiendo un plan unitario preestablecido, a partir de los materiales previos siguientes:

       1. Una primera edición del Deuteronomio (cap. 5-28)
       2. Tradiciones sobre la conquista y reparto de la tierra
       3. Historias heroicas sobre los “jueces”
       4. Tres ciclos narrativos, sobre Samuel, Saúl y David
       5. Ciclos proféticos de Elías, Eliseo e Isaías
       6. Fuentes oficiales de los reinos

Como elementos literarios para configurar la obra se señalan los siguientes:
       1. Presencia de profetas en momentos decisivos de la historia
       2. Asociación de personajes a momentos críticos (Moisés-Ley; Josué-Conquista; David-Monarquía; Salomón-Templo; etc.)
       3. Narración con el esquema promesa-cumplimiento
       4. Recurso a discursos de los personajes o a reflexiones del autor para dar sentido a lo narrado.

Hay una finalidad teológica en la obra: iluminar la situación de los destinatarios inmediatos. Ante las dificultades de la deportación, se recuerda que la promesa de la tierra no había sido absoluta, sino condicionada a los términos de la Alianza: fidelidad significa permanencia en la tierra; e infidelidad, expulsión (cfr. Dt 30, 15-20).

Como prólogo a esa gran obra que iniciaba con el núcleo del actual Deuteronomio, se habría compuesto otra gran obra sobre la base de cinco grandes tradiciones - unidas a tradiciones menores y otros escritos -: el Tetrateuco.

En la actualidad se mantienen muchas de las intuiciones de Noth, y se hacen algunos matices. En efecto, para Noth la finalidad de la obra es mostrar el justo juicio de Dios como explicación del desastre. Otros autores muestran que el relato contiene elementos de edificación e instrucción (Janssen); que el esquema vaticinio-castigo funciona sólo para los reyes del norte, además de la importancia del término “shub” (convertirse) en pasajes clave (Von Rad); que la intención del historiador parece más una llamada a la conversión (Wolf).
Esas diferencias de visión, positiva o negativa, hacen pensar en más de una redacción, a cargo de un grupo o escuela. Los investigadores de ámbito alemán (escuela de Göttingen, Smend) hablan de tres redacciones, todas ellas exílicas; en ámbito anglosajón (escuela americana, Cross) se defienden dos, una antes y una después del destierro. Con todo, los últimos estudios de cada una se acercan a un consenso en algunos puntos:

       1. la importancia de la última redacción, exílica;
       2. había materiales predeuteronomistas amplios;
       3. tres etapas redaccionales: histórica, cultual y teológica
El debate actual se centra en el estudio de esos materiales predeuteronomistas. Se da por supuesto que no son continuación de documentos del Pentateuco (destacan los trabajos de Campbell y su discípulo O’Brien).

B) RESUMEN

Se llama Pentateuco al conjunto de los cinco primeros libros de la Biblia. Es considerado por los judíos como la Toráh (la Ley). En este conjunto se encuentran por una parte, una secuencia narrativa que abarca desde Adán a Moisés, y, por otra, con mayor extensión, un conjunto de leyes y normas que reflejan distintas  situaciones del pueblo de Israel.

Los hechos que se narran van desde la creación del mundo hasta la llegada del pueblo Israel a las puertas de la tierra prometida. El contenido del Pentateuco viene reflejado de forma genérica en los títulos que se dan a los libros que lo integran y, sin embargo, presenta un aspecto bastante complejo. Su redacción final, tal como la tenemos actualmente, es de la época después del destierro, siglo V.

C) BIBLIOGRAFÍA

- Apuntes de exégesis del Pentateuco y Libros Históricos, D. Francisco Varo.
- Catecismo de la Iglesia Católica.
- El Pentateuco, Biblia de Navarra.
- Manual de Dios Creador y Providente, D. José Morales.

miércoles, 15 de mayo de 2013

SÍNTESIS TEOLÓGICA 3,4



TEMA 3: LA FE

3.1 Naturaleza de la fe teologal y propiedades.
3.2 Inteligencia y voluntad en el acto de fe.
3.3 Génesis de la fe: conocimiento de la credibilidad de la Revelación;  juicio de credendidad.
3.4 Credibilidad y vida de fe.
3.5 Fe e Iglesia.

A) DESARROLLO

3.1 Naturaleza de la fe teologal y propiedades

La fe es la “virtud sobrenatural mediante la cual, impulsados y ayudados por la gracia de Dios, creemos que son verdaderas las cosas divinamente reveladas por Él, no por la verdad intrínseca de las cosas conocidas  con la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que se revela, que no puede ni engañarse ni engañarnos”[7].
Se trata del asentimiento y adhesión a Dios que se revela en Cristo. El hombre responde, no a un conocimiento indirecto de Dios que ha dejado su rastro en el cosmos y en la conciencia, sino a Dios que se comunica al hombre como un yo a un tú, entregándose y pidiendo una respuesta, aunque el yo y el tú no se encuentren en el mismo plano.
La fe, como acto y como vida, se caracteriza por algunas propiedades fundamentales. La fe es:
- Sobrenatural: Significa que la fe es siempre y necesariamente gracia y don de Dios , no el resultado de una conquista humana que en tal caso seria una virtud. Hay una imposibilidad absoluta de adquirir la fe por medios de las fuerzas naturales del hombre. La fe nunca es el resultado necesario de un proceso racional. El hombre puede recorrer el camino de la credibilidad y llegar a certezas morales; pero la fe, en cuanto tal, le es dada: “no viene de nosotros, es don de Dios”[8].
- Libre: Significa que sólo se cree si libremente se quiere creer. El hombre tras el pecado mantiene su libertad humana, aunque debilitada, pero no desaparece como afirmaba Lutero. Tiene la suficiente libertad para cooperar con la gracia que inclina al hombre a creer en Cristo, y puede también resistir a la gracia porque no es meramente pasivo.
El carácter libre de la fe no conduce al indiferentismo. Aunque el hombre sólo cree si quiere, no es lo mismo creer que no creer. El creer o el rechazo de la fe son susceptibles de una valoración moral una vez que se cuenta con los elementos necesarios para acceder a Dios (conocimiento de la predicación, gracia de Dios, etc.). Por tanto la libertad de la fe no equivale a la libertad moral del creer, como si hacerlo o no fuera indiferente y ajeno a cualquier juicio moral.
- Oscura: La fe es oscura porque el que cree no ha visto. Está estrechamente relacionada con la libertad que acompaña al asentimiento, y caracteriza a la forma propia de certeza que corresponde a la fe. Esta oscuridad puede ser entendida de dos formas:

1) la fe es oscura porque la verdad de su objeto no puede ser alcanzada ni por evidencia ni por demostración;
2) la fe es oscura, además, porque una vez alcanzado el objeto de fe, éste excede completamente la capacidad de la mente humana.
La oscuridad de la fe sólo puede ser provisional: es la oscuridad del ahora  que desaparecerá ante la claridad del después: “Ahora vemos en un espejo y oscuramente, pero entonces veremos cara a cara”[9].

- Cierta: La certeza, caracterizada por la indudabilidad, acompaña también necesariamente a la fe. Solamente se accede a la certeza que corresponde a la fe cuando tiene lugar el acto de creer. Se trata de la certeza propia de la fe, -forma específica de certeza-. Su fundamento es la autoridad infalible de Dios a quien no le es posible errar o engañar. Por este fundamento la certeza de la fe -así lo  comenta Sto.Tomás- es superior a la certeza del propio conocimiento.
La verdad inmutable de Dios y la luz de la revelación son objetivamente un fundamento más sólido que el que pueda tener cualquier certeza humana. Pero desde una consideración subjetiva la certeza que resulta de la evidencia percibida por el sujeto es superior a la certeza de la fe. Por carecer de esta evidencia, al asentimiento de la fe no lo caracteriza el reposo, sino la tendencia a ver, a comprender: fides quaerens intellectum. Esta tendencia viene después -no antes- de poseer la fe.
Pero en todo caso la certeza de la fe es superior en firmeza (seguridad en la posesión de lo verdadero y plenitud en la adhesión), de tal forma que al que cree no le cabe la menor duda: “Diez mil dificultades no hacen una sola duda”, dice Newman. La certeza de la fe, además, se ve confirmada con la práctica cristiana.

- Teologal:  La fe cristiana establece una relación inmediata entre Dios que se revela y el hombre destinatario de la revelación que cree. Se trata de un acto religioso del hombre entero: es una fe absoluta , porque asiente a la verdad de Dios por ser él quien es. De ahí nacen la adhesión, el compromiso  y la incondicionalidad  de la fe.
- Eclesial:  ver 3.5

3.2 Inteligencia y voluntad en el acto de fe
Creer a Dios que se revela se traduce en un juicio que afirma la verdad de lo revelado. Hacer juicios es propio de la inteligencia, y por eso en el acto de fe la inteligencia interviene necesariamente y de forma insustituible. Concretamente, se pude afirmar que interviene en 3 momentos:
1) para entender la palabra que se le dirige;
2) para juzgar la verosimilitud, la plausibilidad y credibilidad de lo que se le propone;
3) en el acto de fe, confesando la verdad de lo revelado, pronunciando el “amén” del asentimiento.
Pero la fe no es sólo asunto de la inteligencia. En el acto de fe interviene también, y esencialmente, la voluntad. No hay nada que me obligue a creer, y por tanto creo si quiero. La voluntad consiente a lo que la inteligencia conoce, y si no quiere creer, no cree. Sin embargo, no basta con querer para creer porque la fe es gracia, pero sólo el que quiere creer acaba creyendo.
La cooperación de inteligencia y voluntad para el acto de fe no tiene lugar a través de momentos sucesivos, sino mutuamente implicados y situados en la unidad del acto del entero ser personal[10].

3.3 Génesis de la fe: conocimiento de la credibilidad de la revelación; el juicio de credendidad.
En la génesis del acto de fe intervienen diversos factores por parte del hombre y de Dios: el entendimiento y la voluntad y toda la persona humana, la Revelación y la gracia y el amor de Dios. En definitiva: razón, libertad y gracia.
El estudio teológico y la experiencia cristiana a lo largo de los siglos, a la luz de la Revelación y con la guía del Magisterio eclesiástico, han ido llegando a una estructuración sistemática de los elementos que intervienen en el acto de fe en cuatro momentos principales:
1) juicio de credibilidad, (es razonable creer, puedo creer);
2) juicio de credendidad (debe creerse, debo creer);
3) decisión o mandato de la voluntad (quiero creer);
4) asentimiento del intelecto (creo).
Este análisis no significa que cronológicamente los cuatro momentos se den así, ni que sean advertidos y distinguidos de una manera refleja; no hay que olvidar que tratamos de analizar lo que en la realidad forma un proceso vital.
- Por el primer momento (juicio de credibilidad) se concluye que la revelación es digna de ser creída por una persona racional (es creíble);  es la conclusión de un análisis realizado sobre los motivos de credibilidad (ver 2.4), a través de los cuales se llega a la evidencia del hecho de la revelación. En el juicio de credibilidad intervienen la inteligencia y la voluntad, cada una con sus actos propios. Para este juicio no es necesario el auxilio de la gracia pero la mayoría de las veces moralmente requiere gracias actuales, auxiliares o sanantes.
- Tras el juicio de credibilidad viene el juicio de credendidad, que concluye en un juicio práctico: se debe creer, ya que la revelación de Dios es no sólo creíble, sino el único camino para lograr mi salvación. La credendidad tiene como trasfondo el conocimiento natural de Dios junto con la tendencia del hombre al fin último (al bien) unido a la vida moral humana. Dios constituye el fin último del hombre y es, por tanto, lo que el hombre debe alcanzar para salvarse. El juicio de credendidad se presenta como la condición intelectual que hace posible la “electio fidei”. Hasta qué punto es necesario aquí el auxilio de gracias sobrenaturales divinas es cuestión discutida por los teólogos. En cuanto la credendidad supone ya el inicio de la fe son necesarias gracias actuales de Dios; algunos autores consideran que para el juicio remoto de credendidad (debe creerse) normalmente no se requiere, y que en cambio son necesarias para el juicio próximo, personal (debo creer), para fortalecer y rectificar la voluntad, para enderezarla y hacerla más libre y buena.
- Los dos últimos momentos (decisión de creer y asentimiento de la inteligencia) son ya plenamente realizados con la cooperación e influjo de la gracia sobrenatural, sin la cual el hombre no puede de ninguna manera incorporar su entendimiento y voluntad, su persona, a la verdad y amor divinos, a la vida divina, que la revelación le ofrece[11].
La renovación de la apologética a finales del siglo XIX y principios del XX contribuyó a la aparición de nuevas perspectivas desde las cuales abordar la génesis del acto de fe. Si la apologética tradicional se fijó sobre todo en el objeto de la fe, esta renovación atiende sobre todo al sujeto sin desentenderse del objeto: en el sujeto existe un dinamismo  que -si se actúa de forma coherente con él- impulsa al sujeto en la dirección de la fe: el “para el hombre” de la revelación se corresponde con una constitución del sujeto en la que queda plasmada una “necesidad” de la revelación, de forma que solamente si el sujeto accede a ella encuentra el sentido pleno de su ser.

3.4 Credibilidad y vida de fe
La fe en Jesucristo, en Dios revelador, depende de motivos. Son motivos todos aquellos que de hecho encaminan a los hombres hacia la fe y actúan también como fundamentos de la fe que se tiene. Sin embargo, para llegar de hecho a la fe es necesario que los motivos que conducen a la entrega confiada a Dios dejen el lugar un único motivo, que es Dios mismo y su autoridad, en cuanto garante exclusivo de su propia manifestación a los hombres. Estamos ante la fe teologal en la que todo está fundado si es Dios quien habla; y al revés: si no es Dios quien habla, nada de esa fe está fundado. En consecuencia, la fe es auténtica cuando el motivo objetivo y subjetivo por el que se cree -distinto de los motivos por los que se camina hacia la fe- es la autoridad de Dios que revela.

Lo dicho no quita que, junto al motivo de la fe, sigan dándose existencialmente motivos. Estos motivos (por ejemplo, un ambiente social favorable a la práctica religiosa, el ejemplo de personas singulares, la percepción del sentido que la fe da a la vida, etc.) resuenan en el sujeto, mientras que el motivo formal es más difícil de percibir existencialmente. A su vez, las situaciones contrarias a esos motivos pueden actuar como obstáculos. Pero en todo caso -insistimos- sólo el motivo que es Dios mismo puede “soportar” el acto de fe como entrega incondicional. Esto es lo que tradicionalmente se ha llamado objeto formal de la fe.
Esta benevolencia de Dios no es objeto de comprobación, escapa siempre a los métodos racionales y científicos; por eso la certeza de la fe, que se apoya en la bondad y fidelidad de Dios, es un tipo único de certeza que sólo se alcanza como resultado de un salto: el salto de la fe.
El salto de la fe no es una pura decisión, no separa a la fe del conocimiento porque el hombre debe poder justificar ante su propia razón su decisión irrevocable de creer. Pero al final es necesario que el hombre se decida a apoyarse en Dios. De esta forma la certeza de la fe va acompañada de un sacrificio de la inteligencia, que debe renunciar a su propia luz para aceptar un fundamento distinto. Este salto es posible si:
1) la razón consiente sin ser forzada a ello, sino movida solamente por el amor más libre y personal posible;
2) que el “Otro” al que se somete sea quien es: el Creador, totalmente trascendente y al mismo tiempo más íntimo a mí que yo mismo.

 3.5 Fe e Iglesia
La fe es un acto personal, pero no es un acto aislado. Por eso la presentación de la fe como acto personal necesita ser completada con la dimensión eclesial del creer. Creer es un acto eclesial: es la persona la que cree, y es al mismo tiempo la Iglesia la que cree. Para que el acto de fe sea personal y eclesial al mismo tiempo es preciso que se dé una cierta identificación del sujeto creyente con la Iglesia. Esta identificación se puede encontrar en dos momentos: 1) el creyente está en la Iglesia y de ella recibe el contenido y el modo de creer; 2) la Iglesia es la comunidad de los creyentes (communio fidelium).
1) El creyente en la Iglesia: El hombre no encuentra por sí mismo la revelación de Dios, sino que la recibe en el seno de la comunidad creyente que es la Iglesia, y en la Iglesia es donde confiesa su fe en esa revelación. Si la revelación se recibe en la Iglesia, la eclesialidad es una nota intrínseca a la fe del creyente individual. Así como Cristo es el mediador de la revelación divina, siendo Él mismo esa revelación, así también el acceso a la fe tiene lugar a través de la Iglesia que es la “Esposa” de Cristo, con quien comparte todo su ser-Iglesia.
 La consecuencia de la necesaria mediación de la Iglesia es que la misma Iglesia interviene directamente en la forma cognoscitiva del sujeto como condición sine qua non del conocimiento personal: el auditus fidei tiene lugar in Ecclesia et per Ecclesiam.
2) La Iglesia : La Iglesia no es una pura realidad mística sino realización histórica y expresión de la communio de los creyentes. La eclesialidad del acto de fe significa que el sujeto debe hacer suya la fe de la Iglesia, y que esta fe se expresa y existe en el acto de fe de quien mantiene vivo su vínculo con la communio. Al vivir su fe, el creyente no sólo construye su propia existencia, sino que al mismo tiempo edifica la Iglesia, de manera que el  del individuo es el creo de la Iglesia, no el credo de creyentes aislados[12].

B) RESUMEN
3.1 Naturaleza de la fe teologal

La fe es la “virtud sobrenatural mediante la cual, impulsados y ayudados por la gracia de Dios, creemos que son verdaderas las cosas divinamente reveladas por Él, no por la verdad intrínseca de las cosas conocidas  con la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que se revela, que no puede ni engañarse ni engañarnos”
Propiedades: Sobrenatural: es un don de Dios; libre: se cree sólo si se quiere creer; cierta: una certeza propia de la fe: fundamentada en la autoridad de Dios; oscura: porque el que cree no ha visto; teologal: la fe supone una relación inmediata entre Dios y el hombre; Eclesial.

3.2 Inteligencia y voluntad en el acto de fe
La inteligencia: 1) entiende la palabra que se le dirige; 2) interviene para juzgar la credibilidad de lo que se le propone; 3) interviene en el acto de fe, confesando la verdad de lo revelado.
La voluntad: consiente a lo que la inteligencia conoce, y si no quiere creer, no cree. Pero no basta con querer para creer, porque la fe es gracia, pero sólo el que quiere creer acaba creyendo
La cooperación de inteligencia y voluntad para el acto de fe tiene lugar a través de la unidad del acto del entero ser personal, no en momentos sucesivos.

3.3 Génesis de la fe: conocimiento de la credibilidad de la revelación...
En el acto de fe se pueden encontrar cuatro momentos principales: juicio de credibilidad, (es razonable creer, puedo creer); no es abs.nec. la gracia; juicio de credendidad (debe creerse, debo creer); es necesaria la gracia; decisión o mandato de la voluntad (quiero creer); es abs. necesaria la gracia; asentimiento del intelecto (creo); es abs. necesaria la gracia

3.4 Credibilidad y vida de fe
Los motivos de la fe preparan y conducen al hombre a creer, y desempeñan a veces la función de apoyo psicológico de la fe del creyente. El motivo  de la fe (la autoridad de Dios que revela) es el único fundamento sólido capaz de soportar el peso de la entrega incondicional y total de la fe. Los motivos deben conducir al motivo para que la existencia cristiana fundada sobre esa fe sea radicalmente moral y tenga garantía de consistencia.

3.5 Fe e Iglesia
Creer es un acto eclesial: es la persona la que cree, y es al mismo tiempo la Iglesia la que cree: el creyente está en la Iglesia y de ella recibe el contenido y el modo de creer: el hombre no encuentra por sí mismo la revelación de Dios, sino que la recibe en el seno de la Iglesia, y en la Iglesia confiesa su fe; la Iglesia es la comunidad de los creyentes (communio fidelium): el hombre debe hacer suya la fe de la Iglesia. Además esta fe se expresa y existe en el acto de fe de quien mantiene el vínculo de comunión con la Iglesia.

C) BIBLIOGRAFÍA
- Teología Fundamental. Cesar Izquierdo Urbina. EUNSA 1998. pp. 282-286 y 271-27. Ibidem. pp. 264-26. Ibidem. pp. 287-289. Ibidem. pp. 276-279.
- Enciclopedia GER, voz: Fe. Tomo 9; pp. 789-90 y Teología Fundamental... pp. 36.


TEMA 4: LA INSPIRACIÓN BÍBLICA

4.1. Canon de los libros sagrados.
4.2. Naturaleza de la inspiración bíblica.
4.3. Veracidad y santidad de la Sagrada Escritura.
4.4. La interpretación bíblica: criterios racionales y teológicos.
4.5. Teología y exégesis bíblica.

A) DESARROLLO

4.1. Canon de los libros sagrados
Se llama canon a una norma por la que se juzga correcto un pensamiento o doctrina.
Los términos “canónicos” e “inspirados” coinciden en varios aspectos, pero son dos conceptos formalmente distintos. El término inspirado significa que tiene a Dios como autor principal. El termino canónico viene de ser inspirado; la Iglesia lo reconoce como tal. Es canónico porque es inspirado.

El canon de la Sagrada Escritura es el conjunto de libros que la Iglesia considera oficialmente como base de su doctrina y sus costumbres por el hecho de estar inspirados por Dios.
Se conoce como canon bíblico al conjunto de todos los escritos que forman la Biblia, y que por su origen divino constituyen su regla de fe y costumbres. Se llama protocanónicos los libros que siempre y en todas comunidades cristiana fueron tenidos por inspirados. En cambio, se llama deuterocanónicos a los libros que no siempre y en todas comunidades cristianas fueron incluidos en el canon A.T. y N. T. Estos libros fueron aceptados oficialmente como inspirados y normativos por el concilio de Trento[13].

La inclusión de un libro en el canon no supone necesariamente su autenticidad literaria por parte del que aparece como autor de la obra.El canon se ordena a identificar y delimitar una serie de libros recibidos y leídos en la Iglesia como palabra de Dios para los creyentes. El criterio que influyó para la formación del canon bíblico cristiano es el reconocimiento en los libros de una recta regla de la fe, una clara apostolicidad y un uso habitual en el culto.
En resumen, El canon de los libros sagrados , por el hecho de estar inspirados por Dios, es el conjunto de libros que la Iglesia considera oficialmente como base de su doctrina y sus costumbres.

4.2. Naturaleza de la Inspiración Bíblica
Noción de la Inspiración Bíblica.
La inspiración bíblica es una carisma -gracia sobrenatural- dado por Dios a ciertos hombres en A.T. y N. T. Para consignar por escrito con validez general y pública, aquellos misterios de Dios de su intervención en la Historia de la Salvación humana, que Dios ha querido que fuesen de este modo entregados a la Iglesia por causa de nuestra salud y santificación[14].
De esta definición se desprenden algunas características de la inspiración:
- La inspiración divina es el constitutivo previo necesario para que un libro forme parte de la Biblia.
- La inspiración divina de un escrito es previa y necesaria para que ese escrito sea canónico.
- La inspiración divina es un carisma sobrenatural dado por Dios al hagiografo para que ponga por escrito y sin error lo que Dios ha revelado y quiere comunicar a los hombres.
- El carisma de la inspiración es transitorio, sobrenatural y gratuito.
- El carisma de la inspiración proporciona una luz en el entendimiento del hagiógrafo para juzgar con “certeza” divina.
- La inspiración es un don otorgado por Dios no para la santificación del que lo recibe (gracia santificante), sino para el bien de la Iglesia (gratia gratis data).

Naturaleza de la Inspiración bíblica.
" La Santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los apóstoles, reconoce que todos los libros del AT y del NT con todas sus partes son sagrados y canónicos en cuanto que escritos por inspiración del Espíritu Santo[15], tienen a Dios por autor y como tales han sido confiados a la Iglesia"[16].
La afirmación de que Dios es autor de la Sagrada Escritura se dice también de algunos textos sagrados[17] y también que los hagiógrafos son verdaderos autores.
Entre los padres de la Iglesia, el testimonio es unánime: así Dios "dicta", "dice" los libros Sagrados y que Dios es "autor" o " escritor" de la SE.
La Biblia como una obra literaria que tiene a Dios y al hombre como verdaderos autores, plantea el problema teológico de cómo se compagina la acción de Dios y del hagiógrafo en la composición del texto.
Había varias soluciones, la mas significativa es la solución de Santo Tomás[18], a partir de la causa instrumental.
Santo Tomas sintetizó su solución diciendo que la causa agente puede ser doble: principal(o aquella que obra por su propia virtud) e instrumental ( o aquella que obra en virtud de una moción previa que recibe de un agente principal y es también aplicada a la acción).
Hay que afirmar que los hagiógrafos son instrumentos vivos, libres y racionales movidos por Dios para la redacción de los libros sagrados. Esta acción de Dios sobre el hagiógrafo, se observa como una acción ad extra de Dios (inspiración activa) atribuida de modo especial al Espíritu Santo; que es recibida libre y voluntariamente por el hagiógrafo (inspiración pasiva); y que se contempla plasmada en los libros sagrados ( inspiración terminativa).
DV. 11, resume los caminos para solucionar el problema de compaginar la acción de Dios y la del hagiógrafo: "en la composición de los libros sagrados , Dios se valió de los hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios por ellos y en ellos como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y solo lo que Dios quería".
Como conclusión, decir que el libro Sagrado es de Dios y del hagiógrafo. Toda la Biblia es inspirada, tiene a Dios por autor y es, por tanto, palabra de Dios.

4.3. Veracidad y santidad de la Sagrada Escritura.
Veracidad de la Sagrada Escritura

La verdad de la Biblia deriva de la veracidad de Dios quien la ha inspirado como autor principal. La veracidad como cualidad de los libros sagrados cuando es contemplado como ausencia de error, se denomina inerrancia bíblica. La ausencia de error abarca solo lo referente a la fe y a la moral.
La doctrina de la veracidad de la Sagrada Escritura pertenece al dogma católico como una consecuencia necesaria del dogma de la inspiración divina de la Biblia.
La tradición fundamenta la veracidad de la Biblia en dos razones:
1.Que la veracidad esta en íntima relación con el fin mismo de la inspiración, de manera que son inseparables.
2. Que la veracidad esta en íntima conexión con la perfección de Dios.
De esta manera, podemos resumir la doctrina de la veracidad de la Biblia en los siguientes apartados:
A) La veracidad de la Biblia pertenece al deposito de la Fe y se explica como consecuencia necesaria de la inspiración divina de la Biblia.
B) La verdad se extiende a todo el contenido de la Biblia.
C) La Biblia es una verdad absoluta en la que se contienen tanto verdades de orden metafísico como acontecimientos, promesas, exigencias.

Santidad de la Sagrada Escritura
La santidad de la Biblia expresada de modo negativo significa inmunidad de todo error moral. Es decir, no puede encontrarse en los libros inspirados nada que repugne a la santidad de Dios.
Según Santo Tomás, las escrituras son santas por un triple motivo:
A) Por su origen divino, la Biblia es santa al haber sido inspirados por el Espíritu Santo.
B) Por su contenido que enseñan una doctrina moral santa e intachable.
C) y por su fin porque nos santifica al encauzarnos a la santidad.
Por tanto, la Biblia exige ser leída, estudiada y meditada como algo santo y sagrado.
La santidad de la Biblia se manifiesta en la conformidad con la ley moral de los juicios ético-morales que se emiten sobre actos, palabras y sentimientos de los personajes y hechos que presenta.

4.4. La interpretación Bíblica. Criterios racionales y teológicos.
Los libros Sagrados, como tienen autor humano, las reglas que deben aplicarse para su interpretación son las de cualquier obra literaria ( o criterios racionales), y como además su autor es Dios, tiene unas reglas especificas para su interpretación ( o criterios dogmáticos o teológicos)

Criterios racionales de interpretación.
“Para descubrir la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios. Pues, la verdad se presenta y se anuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios. El interprete indagará lo que el autor sagrado dice o intenta decir, según su tiempo o cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época. Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos, hay que tener muy en cuenta los modos de pensar, de expresarse, de narrar que se usaban en tiempo del escritor, y también las expresiones que entonces se oían emplear en la conversación ordinaria”[19].

a) Establecer cuál es el texto genuino.
b) Aplicar los principios científicamente establecidos por la hermenéutica acompañándose del género literario de cada libro y ambiente histórico al que se refiere el escrito.
El primer cuidado que ha de tener el exegeta la diligente investigación del sentido literal del texto. Las normas que la hermenéutica le impone para tal trabajo de investigación son cuatro:
1) Examinar el texto con el empleo de la filología o conocimiento de las lenguas del antiguo oriente.
2) El examen del contexto es la regla principal para la investigación del sentido del texto.
3) Al contexto siguen en importancia, los lugares paralelos, o sea, fragmentos afines entre sí por constar de los mismos términos o por razón del contenido doctrinal o histórico.
4) El ambiente histórico y todas las circunstancias para una perfecta inteligencia del libro.
De esas normas, hay que tener en cuenta la importancia que tiene el conocimiento de las ciencias auxiliares y algunos métodos hermenéuticos.

En resumen, Criterios racionales para la interpretación de la sagrada son el establecimiento del texto genuino, aplicar los principios científicamente establecidos por la hermenéutica.
La diligente investigación del sentido literal del texto y las normas que la hermenéutica le impone son cuatro: a) examinar el texto, b) contexto, c)los pasages paralelos y d) el ambiente histórico. Todo esto sin olvidar que el autor del sentido literal es Dios.
Criterios teológicos de interpretación

El exegeta católico tiene en el Magisterio infalible de la Iglesia, un guía seguro para su trabajo: “ La escritura se ha de leer con el mismo espíritu con el que fue escrita: por tanto para descubrir el verdadero sentido del texto sagrado hay que tener en cuenta el contenido y unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia, la analogía de la fe. A los exegetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Biblia, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación de la Sagrada Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios”[20].
Estos criterios, teniendo su fundamento en la inspiración divina de la Sagrada Escritura, se dividen en dos grupos:

A) Criterios dogmáticos (Dios es autor principal de la Biblia).
1) La analogía de la fe bíblica. Este principio ofrece un aspecto positivo y ayuda el lector a tener honda inteligencia de la revelación.
2) Desarrollo progresivo y homogéneo de la Revelación. Dios se ha revelado progresivamente hasta llegar a la suprema revelación, el Verbo Encarnado.
3) La interna armonía de ambos Testamentos . Este principio fundamenta la interpretación cristiana del Antiguo Testamento y el sentido pleno de la Sagrada Escritura.
4) La gracia divina y la acción vivificante del Espíritu Santo.
B) Criterios dogmáticos (La Iglesia es la que custodia e interpreta de la Sagrada Escritura).
1) La interpretación autentica de la Biblia compete exclusivamente al Magisterio de la Iglesia. Esta interpretación puede ser directa cuando dicho Magisterio declara infaliblemente el sentido autentico de un texto. Indirecta es cuando el objeto formal de la definición no es el texto en si, sino que formal y directamente se refiere a una Verdad de Fe, para cuya ilustración se trae a colación uno o varios textos de la Sagrada Escritura.
2) Por este principio se entiende la conformidad de las verdades religiosas contenidas en la revelación con las verdades contenidas en la tradición oral
3) El sentido de la Sagrada Tradición y el testimonio unánime de los Padres de la Iglesia.

4.5. Teología y exégesis bíblica.
La Sagrada Escritura es una de las fuentes constitutivas de la teología: aporta los datos sobre los cuales se hace la especulación teológica”. La teología se apoya, como cimiento perdurable, en la Biblia unida a la Tradición; así la teología se mantiene firme y recobra su juventud, penetrando a la luz de la fe, la verdad escondida en el misterio de Cristo. La Sagrada Escritura contiene la palabra de Dios , en cuanto inspirada es realmente la Palabra de Dios; por eso la Sagrada Escritura debe ser alma de la Teología”[21].
La exégesis por ser una disciplina teológica mantiene estrechas y complejas relaciones con las demás disciplinas teológicas.
La teología sistemática, de una parte, ejerce un cierto influjo sobre la “precomprensión” con que los exegetas abordan los textos bíblicos y la exégesis; de otra, proporciona datos básicos a las otras disciplinas teológicas. En el caso de la exégesis católica se trata de una precomprensión basada sobre certezas de fe.
Teología bíblica es relativamente moderna. Su objeto especifico, método y limites aun no han llegado a ser definidos con precisión.
Los puntos de vista de la exégesis y la teología son diferentes y deben serlo. Por eso, una de las principales funciones de la Escritura es lanzar desafíos a los sistemas teológicos y recordar continuamente la existencia de aspectos importantes de la Divina Revelación y de la realidad humana que a veces son descuidados por la reflexión teológica sistemática. Y al mismo tiempo, los teólogos presentan a los exegetas cuestiones actuales importantes sobre determinados textos sagrados para conseguir una mayor comprensión especulativa de la fe cristiana.

B) RESUMEN

1) El canon es una norma y conjunto de libros. Los términos “canónicos” e “inspirados” coincide en varios aspectos pero son dos conceptos formalmente distintos.
Se conoce como canon bíblico al conjunto de todos los escritos que forman la Biblia. Esos libros se dividen según su incorporación: protocanónicos y deuterocanónicos.
2) Inspiración bíblica es una carisma—gracia sobrenatural— dado por Dios a ciertos hombres en A.T. y N. T. Para escribir aquella intervención de Dios a la Historia de la Salvación. Dios es el autor principal de la Biblia y los hagiógrafos son autores instrumentales.
3) A) La veracidad de la Biblia deriva de la veracidad de Dios y se contempla como ausencia de error, se denomina inerrancia bíblica.
B) La santidad de la Sagrada Escritura expresada de modo negativo significa inmunidad de todo error moral.
4) La interpretación bíblica según autores humanos usa la regla de cualquier obra literaria ( criterio racional). La interpretación bíblica según Dios tiene regla especifica (criterios dogmáticos o teológicos).
5) La teología sistemática, de una parte, ejerce un cierto influjo sobre la “precomprensión” con que los exegetas abordan los textos bíblicos y la exégesis, de otra, proporciona datos básicos a las otras disciplinas teológicas.

C) BIBLIOGRAFÍA
Gran enciclopedia Rialp. Ediciones Rialp, S.A. Madrid 1979.
José Monforte. Conocer la Biblia: iniciación a la Sagrada Escritura. Rialp, Madrid 1997.
V. Mannucci. La Biblia como Palabra de Dios. Introducción general a la Sagrada Escritura. Desclée, Bilbao, 1985.

Suma teologica